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viernes, mayo 15, 2009

Pararse y escuchar

No puedo dejar de trasmitir esta historia que me ha llegado por e-mail, gracias a un amigo.

"...si no os haceis como niños..."


"Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.
Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.

Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.

En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?"

lunes, febrero 11, 2008

Otro cuento diferente

EL LOBO Y LOS TRES CERDITOS.

Un buen día estaba durmiendo tranquilamente, en mi suave cama, cuando de repente comencé a notar un gran sofoco. Seguidamente miré por la ventana y vi que el bosque se estaba quemando... unas enormes llamas ya bordeaban la mayor parte de mi casa.

Pensé en los vecinos que viven en las casas cercanas.

Con el pijama puesto salí corriendo hacia las tres casas de los cerditos. A pesar de que no éramos demasiado buenos amigos los tenía que avisar del peligro que corrían.

Al llegar delante de la casa de paja, llame para entrar, me era muy urgente... Él no me quiso atender porque pensaba que le quería comer. Las llamas se acercaban más y más... puede que si soplara pudiera evitar el incendio de la casa. Soplé y soplé tan fuerte que llegué a destrozar la casa. El cerdito salió corriendo sin darse cuenta del fuego. Huyó hasta entrar en la casa de madera de su hermano. Me acerqué jadeando a su puerta y pedí que me abrieran... pero era tan tozudo como el anterior cerdito. El fuego se iba acercando peligrosamente y no había otra solución que soplar lo más fuerte que pudiera. Soplé y soplé tan fuerte que llegué a destrozar también esta casa. Los cerditos salieron corriendo sin darse cuenta del fuego. Huyeron hasta entrar en la casa de ladrillos del hermano pequeño.

El fuego nos fue rodeando; la casa no corría peligro pero yo estaba fuera y ya empezaba a chamuscarme. Pedí que me dejaran entrar... los tres cerditos al unísono me gritaban que no, y que no. Decidí entrar por la chimenea. Mientras bajaba, los cerditos presintieron mi maniobra y colocaron un gran puchero con agua hirviendo al fuego... al caer yo dentro noté una gran quemazón y salí disparado como un cohete por la chimenea hasta aterrizar en el pequeño estanque del bosque.

En esto llegaron los bomberos y fueron controlando el incendio. Por suerte caí sobre unas acolchadas algas... debido al incendio cayó un tronco de un gran árbol en la laguna y así pude salir –algo contusionado y mojado- pero enterito. Los cerditos desde la ventana miraban el desenlace final y parecían arrepentidos de su comportamiento, pero yo ya lo tenía todo decidido, emigré y me fui a vivir a otro bosque, con otros vecinos que fueran amigos.

Extraído del libro “Cómo educar en valores”, ed. Narcea, Madrid 1996. págs. 108-109.

¿Existe el mal?

El profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta.
- "¿Dios creó todo lo que existe?"

Un estudiante contestó valiente:
- "Sí, lo hizo. ¿Dios creó todo?: Sí señor", respondió el joven.

El profesor contestó,
- "Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo".

El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe cristiana era un mito.

Otro estudiante levantó su mano y dijo:
- "¿Puedo hacer una pregunta, profesor?"

- "Por supuesto", respondió el profesor.

El joven se puso de pie y preguntó:
- "¿Profesor, existe el frío?"

- "¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?".

El muchacho respondió:
"De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. "Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía".
El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor".
Y, ¿existe la oscuridad? - continuó el estudiante.

El profesor respondió:
-"Por supuesto".

El estudiante contestó:
- "Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no.
Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado?
Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describirlo que sucede cuando no hay luz presente".

Finalmente, el joven preguntó al profesor:
- " Señor, ¿existe el mal?.

El profesor respondió:
- "Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal".

A lo que el estudiante respondió:
- "El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó al mal. No es como la fe o el amor, que existen como existe el calor y la luz.
El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz".

Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó callado.

El nombre del joven era ALBERT EINSTEIN.

martes, febrero 20, 2007

Marcos y Mosés

Marcos nació en una familia de siete hermanos. Su madre tuvo un parto difícil, pero gracias a la ayuda médica nació sin ninguna tara.


Mosés también tiene siete hermanos. Durante el embarazo, su madre tuvo problemas y él nació con un pulmón oprimido que ahora le impide respirar con facilidad.


Mosés nació ayudado por su tía y su abuela, expertas ganaderas.

Marcos disfruta de una alimentación sana y equilibrada. Come verduras, carne, pescado, hierro, fósforo, hidratos de carbono...

A Mosés se le cayeron los dientes debido a la desnutrición.


La comida preferida de Marcos es el pollo, y el jamón serrano.
Mosés no lo ha probado nunca, pero seguro que le gustaría.


Marcos tiene un abrigo de cuadros para los días de frío.
Mosés tiene más suerte, porque en su país casi nunca hace frío y no necesita ropa. Es una suerte doble, porque aunque la necesitara tampoco la tendría.

Marcos sale de su casa para ir a jugar al parque y dar un paseo.
Mosés siempre está fuera de casa.


Marcos no conoce a su padre y no sabe dónde está.
Mosés tampoco lo conoce, pero sabe que murió en la guerra, aunque no contra quién luchaba.


Marcos no irá nunca al colegio ni aprenderá a leer.
Mosés tampoco.


La esperanza de vida de Marcos es de unos 20 años.
La de Mosés es mayor, pero él quizá no llegue a cumplir los 20.



Marcos es un setter irlandés.

Mosés, un niño africano.

Carmen Posadas

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