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jueves, junio 17, 2010

El sacerdote en la literatura: Barro con Luz


"Barro con luz" es un libro que reune una antología de textos de la literatura donde el sacerdote es el principal protagonista. Un libro recomendable para concluir este Año Sacerdotal.

En el prólogo el autor expone la clave fundamental de esta antología de textos literarios: "Los relatos sobre sacerdotes que parecen grabarse más fácilmente en la memoria (al menos así ocurre en mi caso) no son los que pintan al sacerdote como un superhombre  -que actúa sin dudar y sin errar, como si fuese un ser por encima del común de los mortales-; tampoco los que lo muestran como un ser vil, pervertido o despreciable, muy por debajo de la dignidad humana; sino más bien aquellos que dibujan una persona corriente que, casi a pesar de sí misma, procura servir a Dios y al prójimo".

Algunos de los libros de donde se extraen los textos son:
  • Los miserables de Victor Hugo
  • El padre Brown de Chesterton
  • Don Camilo de Guareschi
  • El poder y la gloria de Graham Green
  • Las llaves del reino de A. J. Cronin
  • Diario de un cura rural de Bernanos
Os dejo unos pequeños textos de algunas de estas obras:

"El infierno es dejar de amar. Mientras estamos en vida, podemos hacernos ilusiones, crer que amamos segun nuestras propias fuerzas, que amamos al margen de Dios. Pero no nos parecemos más que a los locos, tendiendo los brazos hacia el reflejo de la luna en el agua. Le pido perdón por expresar tan mal lo que pienso". (Diario de un cura rural, G. Bernanos)
"Usted fue un creyente en otro tiempo. Procure comprender: ésta es su oportunidad. En el último momento. Como el buen ladrón. Ha matado usted hombres, tal vez niños -añadió, recordandoel pequeño bulto negro al pie de la cruz-. Pero eso no ha de ser tan considerable. Pertenece a esta vida, tan sólo; son unos pocos años... ya está hecho. Puede usted arrojarlo aquí, en esta choza, y penetrar perdonado en la eternidad". (El poder y la gloria, Graham Green)

"Una vez, hace muchos años, cuando curó usted a mi hijo, no hablaba en serio, es verdad. Pero entonces yo desconocía la vida de usted, su paciencia, su serenidad, su valor... La bondad de una religión se juzga, más que nada, por la bondad de los que la profesan. Usted, amigo mío..., me ha convencido con su ejemplo". (Las llaves del Reino, A. J. Cronin)

jueves, marzo 18, 2010

"El hereje", homenaje a Miguel Delibes

 Reproduzco, como homenaje al gran escritor vallisoletano, un artículo de Eclesalia sobre su última novela "El Hereje":

ECLESALIA, 15/09/10.- Valladolid, 21 de mayo de 1559. Tras un año de penoso cautiverio en la cárcel secreta de la Inquisición, más de sesenta reos -integrantes del foco luterano de la capital- desfilan en procesión. Van marcados con sambenitos, algunos de llamas y diablos (distintivo de los condenados a la hoguera). El estandarte de la Inquisición y la enseña carmesí del Pontificado abren la marcha. Un coro de cantores entona el solemne Vexilla Regis, de Semana Santa. En un punto de la capital, la procesión de los reos confluye con la comitiva real; tras el rey, van los príncipes, los altos dignatarios de la Corte y los nobles; cierran su comitiva los arzobispos. Todos se enfilan hacia la Plaza Mayor, donde se va a celebrar un solemne Auto de Fe.
En el imponente entablado sobre la plaza, hay dispuestos tres púlpitos. Los reos, son llevados ante el púlpito de los relatores, donde públicamente les leen las sentencias: “… confiscación de bienes, cárcel y sambenito perpetuos, con obligación de comulgar las tres Pascual del año”; “degradación, confiscación de bienes, muerte en garrote y dado a la hoguera”; “confiscación de bienes y dado a la hoguera”;… Finalizado el Auto, los reos marcados con sambenitos de llamas, son montados en unas humildes borriquillas y llevados al quemadero.
Así termina El Hereje, la última y más extensa obra de Miguel Delibes, escrita en 1998, a los 78 años. Dedicada a Valladolid, El Hereje es “una obra cumbre de la novela del S. XX” dice la crítica. El Hereje es “una novela histórica, muy documentada”. Junto a personajes de ficción, como Cipriano Salcedo (el protagonista), hay otros que tuvieron existencia real, como el doctor Cazalla (que fue capellán de Carlos V); o Bartolomé de Carranza (que fue arzobispo primado de Toledo y prestigioso teólogo, enviado al Concilio de Trento por Carlos V. A Carranza, la Inquisición le abrió un dilatado proceso: una sentencia le acusó de “sospechoso de herejía”; fue absuelto poco antes de morir); o Carlos de Seso (un luterano originario de Verona).
En 1559 se celebraron en Valladolid dos Autos de fe. La ciudad castellana dedicará una de sus calles a los Cazalla (la misma donde tuvieron lugar las reuniones clandestinas de aquella comunidad luterana); en tiempos de Franco, la calle fue rebautizada como “Héroes de Teruel”. Actualmente se llama Doctor Cazalla.
Cipriano Salcedo, próspero comerciante de lanas y pieles, “nació” casualmente en 1517, año de la Reforma protestante: justo el día que Lutero fijaba sus 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Su madre murió tras su parto, algo que no le perdonó su padre al “pequeño parricida”. Huérfano de madre y privado de las ternuras paternas, su único cordón afectivo será Minervina, su nodriza, el personaje más tierno de la novela. Pero ella le es arrancada de su vida (reaparecerá, inesperadamente, cuando Cipriano es conducido, sobre la borriquilla, hacia el quemadero) por su padre que, celoso, interna al pequeño Cipriano en un colegio de niños expósitos. Su padre muere, víctima de una peste. Cipriano es tutelado por su tío, oidor de la Chancillería; se doctora en leyes, y retoma los negocios de su progenitor.
Salcedo, que tiene inquietudes religiosas, es atraído por la autoridad moral del doctor Agustín Cazalla: sus sermones (por lo que sugieren) le producen una cierta liberación interior. El Doctor, introductor clandestino de las corrientes luteranas en España, le expone, en privado, la nueva doctrina. Es un cristianismo muy simple, sin idolatrías (como el culto a los santos, imágenes, o reliquias); y sin “invenciones” (como, por ejemplo, la quimera del purgatorio). Recursos que, según la Reforma, utilizaba la Iglesia romana para subyugar al pueblo. Salcedo asimila la Reforma y se “asocia” en la fraternidad vallisoletana, uno de los primeros focos del protestantismo en España. En la “secta” tienen La Libertad del cristiano como libro de cabecera.
La primera experiencia de Cipriano Salcedo con la fraternidad le resulta sobrecogedora. Comenzaban la reunión con la lectura de un hermoso salmo que sus hermanos de Wittenberg cantaban, pero que, en Valladolid, ellos tenían que conformarse con rezarlo (para no levantar sospechas). Cipriano esperaba encontrar en sus estrofas “consignas prohibidas”. El tal salmo (el 34) decía: Bendecid al Señor en todo momento /Su alabanza estará siempre en mi boca… Que lo oigan los humildes y se alegren/… Porque busqué al Señor y me ha respondido / Me ha librado de todos los temores. Esa noche, el conventículo versaba sobre las reliquias y otras supersticiones. Para ilustrarlo, se leyeron algunos de los diálogos de Latancio y Arcidiano, del libro de Alfonso de Valdés: “Diálogos de las cosas acaecidas en Roma”. Era una crítica a “estas reliquias que sacan dinero de los simples,… que os las mostrarán en dos o tres lugares a la vez”, y que se ponían a la altura de artículos de fe.
Cipriano se ganó enseguida la confianza del Doctor, y es enviado a Alemania, para contactar con Melanchton, entonces cabeza visible del luteranismo, y adquirir algunos libros de la Reforma, aquí proscritos. Salcedo regresa de Alemania en el Hamburg, una galeaza al mando del capitán Berger, luterano. Desembarca en Laredo. En sus fardos trae, camuflados, Iibros de Lutero, de Erasmo,…y biblias. (El Catálogo de Lovaina, de 1546, contenía una relación de las primeras listas de libros heréticos, entre ellos la Biblia traducida al castellano).
Salcedo se toma muy en serio la comunidad luterana, a la que idealiza. Se siente como transportado a la simplicidad del cristianismo primitivo. En la fraternidad no percibe distinciones entre los aristócratas y los plebeyos. Cipriano decide un día repartir la mitad de sus propiedades: hace socios de su negocio a sus arrendatarios. No lo hace para asegurarse la salvación eterna: él asume que “las obras no son indispensables para salvarse: el mérito es exclusivamente de Cristo, de su Pasión” (El Beneficio de Cristo), sino como un gesto de resarcimiento por el desapego de su difunta esposa, Teo (la reina del páramo) cuyo matrimonio acabó en fracaso.
De la fraternidad vallisoletana brotarán pequeños retoños: tres conventos de monjas han sido tocados en la capital (el de Belén, es prácticamente luterano). En Castilla, surgen otros pequeños grupos satélites: en Toro, Zamora, Ávila. En Ávila –donde imperaba “un catolicismo cerrado, poco reflexivo, rutinario”-, Cipriano, que hacía de enlace, convocaba (en casa de doña Guiomar de Ulloa) a otros hermanos de la provincia, entre ellos Luis de Frutos (el barbero de Piedrahita); o al joyero Mercadal, y a su sobrino, (ambos de Peñaranda de Bracamonte).
La comunidad luterana acabará siendo descubierta por la Inquisición. Algunos miembros, entre ellos Salcedo, emprenden la huída; pero ninguno logra escapar. En los duros interrogatorios, casi todos rompen el juramento prometido de no delatarse entre los hermanos. Algunos, como descargo, responsabilizan del origen de la secta al influyente Carranza…
En El Hereje, Delibes hace una descripción maestra y de las relaciones humanas y de los usos de la época. Cipriano Salcedo es el prototipo de hombre íntegro, defensor de la libertad de conciencia. En los interrogatorios, cuando le preguntaba el inquisidor: “¿Cree usted en la Iglesia Romana?”, Salcedo le respondía: “Yo creo firmemente en la Iglesia de los apóstoles”. Un año después, camino del quemadero, él se pregunta si existía realmente la fraternidad en algún lugar del mundo. Está desolado por las claudicaciones (delaciones) entre compañeros. Pide una señal. “¿Dónde está Dios?”. Instantes antes de ser quemado en la pira, el confesor le insta, sin conseguirlo, que pronuncie la palabra que le dará el pasaporte para la salvación de su alma: “decid Romana, solamente eso”. Consternado, lo más que pudo arrancarle al hereje fue: “Si la Romana es Apostólica, creo en ella con toda mi alma, padre”.
Miguel Delibes empieza El Hereje recordando un discurso de Juan Pablo II a los cardenales, en 1994, sobre la violencia ejercida desde el seno de la Iglesia: “¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe? Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas… Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principios del evangelio”.
Aún hoy, en 2010, siguen siendo “condenados” teólogos de prestigio, sus libros son retirados de las librerías católicas y colocados en el Índice: a pesar de estar avalados por la renovación del Concilio Vaticano II y de contar con el Nihil Obstat de su obispo. El Hereje, de Miguel Delibes, es “una novela inolvidable sobre las pasiones humanas y los resortes que las mueven; un canto apasionado por la tolerancia y la libertad de conciencia”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Posdata: el sábado 13 de marzo, el día del entierro de Miguel Delibes, el salmo que “casualmente” se leía en las Iglesias por la tarde (el propio de la liturgia dominical) era, misteriosamente, el salmo 34: el mismo salmo que leían en aquella comunidad luterana de Valladolid cuando Cipriano Salcedo asistió por primera vez a un conciliábulo. Cuando se lo cuento a un amigo, éste me cuenta una anécdota, estremecedora, que venía al caso, como anillo al dedo: “en una ocasión le preguntaron a Miguel Delibes qué epitafio le gustaría que pusieran en su tumba. Él respondió: “Cristo, espero que cumplas tu promesa”. Pues, misión cumplida.

miércoles, marzo 10, 2010

Inteligencia espiritual, de Francesc Torralba

Gracias al blog, "Desde mi tarima", me entero que el asiduo colaborador de la revista "Religión y Escuela", Francesc Torralba, ha publicado un libro titulado "Inteligencia espiritual".




En el prólogo  afirma: "Desde que Howars Gadner identificó ocho formas de la inteligencia en el ser humano... algunos investigadores sostiene la tesis de que el cuadro de las inteligencias no es completo si no se incluye en él la inteligencia espiritual, también denominada existencial o trascendente. El mismo Gadner no negó tal hipótesis".





El libro está dividido en ocho partes:
  1. ¿Qué es la inteligencia?
  2. El mapa de las inteligencias
  3. ¿Qué es la inteligencia espiritual?
  4. Los poderes de la inteligencia espiritual
  5. El cultivo de la inteligencia espiritual
  6. Beneficios de la inteligencia espiritual
  7. La atrofia de la inteligencia espiritual
  8. Inteligencia espiritual, felicidad y paz

El autor nos cuenta en esta breve entrevista el sentido de su libro:










Puede sernos útil, sobre esta cuestión, ver esta presentación.







martes, marzo 31, 2009

Pablo, el de los pueblos


José Luis Cortés, para conmemorar el Año Paulino, nos ofrece su nuevo libro de comics sobre la figura de Pablo.

El gran dibujante recorre la vida de Pablo, haciendo referencia a su obra, las cartas paulinas.

Otras obras muy recomendables del autor son:
  • Teresa, la de Jesús
  • Francisco, el buenagente
  • Agustín, el del corazón inquieto
  • Un Señor como Dios manda
  • El Señor de los amigos
  • ¡Que bueno que viniste!
  • Un Dios llamado Abba.

miércoles, junio 20, 2007

40 aniversario de la muerte de Lorenzo Milani

"Querida señora:
Usted ni siquiera se acordará de mi nombre. ¡Se ha cargado a tantos!
Yo, en cambio, he pensado muchas veces en usted, en sus compañeros, en esa institución que llamáis escuela, en los chicos que "rechazáis".
Nos echáis al campo y a las fábricas y nos olvidáis".

Asi comienza "Carta a una maestra. Alumnos de la escuela de Barbiana", una denuncia del fracaso escolar y del fracaso de la escuela con aquellos alumnos que "nadie quiere" e incluso con aquellos que lo aprueban todo pero salen mal educados: individualistas, trepadores...

El 26 de Junio se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de Lorenzo Milani y a la vez la el 40 aniversario de la publicación de "Carta a una maestra".

Ahora que termina un nuevo curso, y tenemos que ponernos a preparar uno nuevo es necesario volver a leer este importante libro de pedagogía cristiana en favor de los más necesitados, por que no ha perdido su actualidad.

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