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domingo, febrero 28, 2010

Parábola del buen educador




En aquel tiempo el  Señor Jesús estaba a la puerta de un lujoso hotel donde se desarrollaba un congreso sobre educación. Y sucedió que, habiendo terminado las conferencias de ese día, comenzaron a salir los expertos e invitados especiales. Jesús reía de buena gana con tres niños que bailoteaban a su alrededor ante el disgusto de algunos de sus discípulos.
Entonces un doctor en Pedagogía, que reconoció a Jesús, decidió ponerlo a prueba, un poco por curiosidad y otro poco por vanidad ante sus colegas.
   Así, se acercó a Jesús y le dijo:
   ― “¿Maestro, qué tengo que hacer para ser un buen educador?”
   Jesús le preguntó, a su vez::
   ― “¿Qué está escrito en los libros de tu ciencia?”
   ― “Respeta la etapa evolutiva del alumno, incentiva en el alumno el deseo de aprender y evalúa al alumno con justicia” – recitó el doctor en Pedagogía provocando un murmullo de aprobación de los presentes.
   ― “Has respondido exactamente” – le dijo Jesús - , “obra así y alcanzarás la vida eterna por el camino de la docencia.”
   Pero el doctor en Pedagogía, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta:
   ― “¿Y quién es mi alumno?”
   Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió:
   Un joven concurrió a la escuela durante algún tiempo, los días pasaban y el joven solo veía crecer dentro suyo una sensación de agobio y extrañeza ante todas las propuestas que se le hicieran. El vínculo con sus docentes se deterioraba día a día, ya sea por la falta de sentido en las ofertas que se le hacían, ya sea por la dificultad enorme que enfrentaba cada vez que se le hablaba “en chino básico” o por lo desconectado que le resultaba el ambiente de la escuela con respecto a su realidad cotidiana.
   Un día se cansó de estar encerrado entre esas cuatro paredes, se cansó de los gestos que muchas veces solo lo humillaban, se cansó de tantas palabras que le auguraban un futuro luminoso que sin embargo ignoraban la oscuridad de su presente, se cansó también de esas dinámicas que le negaban protagonismo. Entonces salió de la escuela, se colocó los auriculares de su walkman, se dispuso a pasar el tiempo haciendo nada y, aturdido, como herido de muerte en su esperanza, se sentó al costado de la vida… su vida… a verla morir de a poco.
   Ocurrió entonces que pasaron dos altos funcionarios del Ministerio de Educación y comentaron casi al unísono:
 ― “¡Cuántas personas desaprovechan su tiempo!, en este país donde la igualdad de posibilidades es un hecho, esta gente es una afrenta. Muy mal hace este panorama a nuestra estadísticas”
   Y mirando al joven lo recriminaron diciéndole:
 ― “¡Deja ya de aturdirte! Buscaremos en algún momento alguna legislación que atienda tu caso pero mientras tanto, como sea, debes regresar a la escuela”
   El joven, por supuesto, no escuchaba, pero comprendió por la adustez de sus rostros que lo estaban retando, se recostó sobre la vereda y cerró sus ojos.
   Los dos funcionarios prosiguieron su camino rápidamente sin advertir que tras ellos venían tres docentes que acababan de terminar su curso de capacitación sobre problemática socio-educativa en contextos de exclusión.
   Al ver al joven y su actitud de abandono, comentó uno de ellos:
 ― “Típica consecuencia de un sistema educativo que excluye a los jóvenes, no se hace mas que replicar las dinámicas típicas del sistema victimizando a las clases marginales” dijo el primero.
― “Así es, la práctica escolar otorga significado a la cultura dominante, aumentando la brecha ante los oprimidos, que abandonan la escuela porque no hallan en ella los valores de su propia cultura popular”, completó el segundo, sin tomarse un respiro (tal era la sobrecarga de ansiedad que le provocaba poder expresar con tanta claridad su comprensión del hecho que observaba)
  El tercero, no sólo asistió a lo dicho, sino que se sintió obligado a agregar:
 ― “...lo que provoca un deterioro en la autoestima que, a su vez, genera una crisis de identidad… ¡todo un problema complejo colegas!”.
  Satisfechos por poder explicar la situación de este joven devenido en objeto de estudio, prosiguieron su marcha.
   Al rato, pasó por allí una maestra que casi se tropieza con el cuerpo del muchacho. Venía ensimismada recordando que la directora de la escuela, donde trabajaba doble turno, le había llamado la atención por el atraso en la entrega de sus planificaciones y carpeta didáctica. Además, grave error, no había elaborado las expectativas de logro, concordantes con el Proyecto Curricular, que se desprende del Proyecto Institucional, acordado en reunión con los Padres más lúcidos de la Comunidad Educativa. En la prolija carpeta, donde tan importante documento se guardaba para mostrar al inspector apenas visitara la escuela, sólo faltaba su aporte.
   De nada sirvió que dedicara tiempo extra a Ricardito, que, con sus 12 años, se hacía cargo de tres hermanos más pequeños mientras la mamá trabaja de mucama para mantener el hogar. De nada sirvió que entregara un proyecto de trabajo solidario para colaborar junto a sus alumnos con un comedor comunitario que se estaba armando en la Parroquia del barrio.
   Su primera reacción, ante el joven tirado en la vereda, fue de perplejidad. Sintió que no tenía una respuesta adecuada para él. Le pasaba esto a menudo; por eso le gustaba ser maestra. La perplejidad la impulsaba a aprender.
   Se sentó al lado del joven, le retiró el auricular de la oreja izquierda y se dispuso a escuchar la misma música que él a través de su oído derecho.
   El final de la cinta fue la ocasión para que nuestra maestra le extendiera su mano al joven; lo miró en silencio y con un ademán lo invitó a caminar. La sencillez del gesto y la serenidad de la mirada vencieron toda resistencia. Eran muchas las heridas que habían dejado en el alma de aquel joven aquellos que le robaron la ilusión, así que la maestra tuvo que cargarlo sobre su propia esperanza. Comenzó a explicarle cuál era su razón de vivir, los valores que daban sentido a su existencia, bastante complicada por cierto y descubrió la enorme potencia que tenía la pedagogía de la ternura puesta en juego en este encuentro con el joven.
   El joven, que había comenzado a caminar con apatía, poco a poco sintió que ardía su corazón al escuchar las palabras de esta maestra. Paulatinamente se alejaron de las calles céntricas y el suburbio los atrapó en un abrazo de sol de tardecita, calles de barro, olorcito a pan caliente y sonidos de encuentro fraterno del pueblo.
   Al llegar a una encrucijada de caminos se encontraron con una escuela. La maestra conversó con las autoridades de la misma y les dijo antes de partir:
 ― “Tengan con él un poco de paciencia  porque su alegría todavía está convaleciente, su esperanza aún está cicatrizando, por lo tanto sus deseos de aprender sólo hablan en voz baja. Enséñenle con ternura, ayúdenlo a descubrir su propio poder, ese que brota de lo hondo y, si algo no entendiera, cuando vuelva yo a pasar se lo explicaré personalmente”.
   Terminado el relato, Jesús le preguntó al  doctor en Pedagogía,
“¿Quién te parece que se comportó como educador del joven herido?”.
   El doctor contestó:
“El maestro que pasó en último término. Supo hacerle compañía, le regaló primero su silencio y luego su palabra, y entabló con él un compromiso: compartir la esperanza”.
    Y Jesús le dijo:
“Ve y procede tú de la misma manera”.

Post extraido de este enlace.

lunes, diciembre 14, 2009

Preparad el camino



Llegó un hombre a un camino que estaba en obras y preguntó a los que allí tra­bajaban: “Perdonen pero ¿es aquí donde preparan el camino para Dios? Es que venía para echarles una mano”.
Ellos le contestaron: “Sí amigo, aquí es”. Y uno de los trabajadores se acercó para explicarle en qué consistía el trabajo que allí hacían. Le acompañó hasta una parte del camino y le dijo: “Esto que ves aquí es el camino de la Vida, por donde cada día camina toda la humanidad. Fíjate con atención en el suelo, y si descubres dónde está el pro­blema, es posible que valgas para echarnos una mano”.
El hombre se fijó con atención y pudo ver que el suelo estaba plagado de huellas. Después de observarlas con detenimiento, pudo identificarlas con clari­dad: unas eran las huellas de los poderosos; otras, las de los adinerados; otras pertenecían a los egoístas, a los violentos, a los fanáticos, y también a los falsos. Todas ellas llenaban el camino de la Vida. Extrañado, le preguntó al trabajador: “Sólo veo las huellas de una parte de la humanidad... ¿dónde están las hue­llas del resto?”
El trabajador contestó: “Las huellas del resto de la humanidad están debajo de las que ves en el camino. Son pisoteadas cada día por los de siempre”. Entonces el hombre preguntó intrigado: “Si el camino de la Vida está así... ¿cómo prepararlo para Dios?”. A lo que el trabajador contestó: “Nuestro trabajo consiste en abrir cada día nuevos caminos para que los pisoteados por los de siempre, puedan salir y disfrutar de una vida nueva”.
Y aquel hombre, después de ver todo aquello, se puso manos a la obra abriendo caminos nuevos, para que todos los oprimidos y excluidos del mundo pudieran disfrutar de la salvación que Dios envía.
(J. REAL, Relatos y dinámicas para trabajar el tiempo de Adviento con adultos y jóvenes, CCS, 3-16)

Para la reflexión                                                                          
- ¿Quiénes son los pisoteados en nuestro mundo, en nuestra ciudad, en nues­tro entorno cercano?
- En el terreno de la relaciones humanas, dentro de la convivencia cotidiana ¿qué actitudes, comportamientos, reacciones, provocan que una persona se sienta «pisada» o dañada por otra? ¿Te has sentido alguna vez «pisoteado»?
- ¿Quiénes son los que en nuestro mundo, en nuestra ciudad, en nuestro entorno cercano, viven abriendo caminos nuevos para dar esperanza, ale­gría, consuelo o dignidad donde no la había?
- ¿De qué manera recorres tú el «Camino de la Vida»? ¿Qué huellas te gustaría dejar en este camino?
- ¿Estamos dispuestos a echar una mano para preparar el camino para Dios?


Tomado de Misión Joven

martes, abril 28, 2009

Reconstruir el hombre


" Un padre estaba siendo continuamente molestado por su hijo. Para distraerlo, cogió de un viejo atlas un folio donde estaba impreso el mapa de todo el mundo: con los países, las regiones, las ciudades, a escala muy reducida. Lo partió en mil pedazos y se lo entregó al niño para que intentara componer aquel puzzle improvisado.

- Le llevará mucho tiempo, pensó el padre.

Pero al cabo de nios intantes, el niño volvió con el mundo bien organizado.

- ¿Cómo has sido capaz de realizarlo tan deprisa?, preguntó asombrado el padre.

- Muy fácil, papá,- repuso el pequeño- en el reverso estaba dibujado un hombre. He reconstruido primero al hombre y el mundo se ha ido articulando por sí mismo".

martes, diciembre 02, 2008

El barbero y Dios


Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaron de muchas cosas y tocaron muchos temas, pero de pronto tocaron el tema de Dios y el barbero dijo:
-Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice..
-Pero, ¿por qué dice usted eso? - preguntó el cliente.
-Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, ¿Acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos, habría niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Acababa de abandonar la barbería cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el pelo largo, al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado. Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero. - ¿Sabe una cosa?, los barberos no existen.
-¿Cómo que no existen? - preguntó el barbero - si aquí estoy yo y soy barbero.
-¡No! -dijo el cliente - no existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.
-¡Ah!, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.
-¡Exacto! -dijo el cliente - ese es el punto clave, Dios SÍ existe; lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria.Busca a Dios y lo encontrará: Él ya te está esperando.

lunes, noviembre 17, 2008

Aprendiendo a ver. Paulo Coelho

Paulo Coelho escribe "Leyenda personal" en el XL Semanal de ABC. Esta semana su artículo titulado "Aprendiendo a ver", nos propone cuatro historias o cuentos para que aprendamos a mirar en lo profundo; de ellas he extraído esta:

"El rostro invisible

Un emperador dijo al rabino Yeoschoua ben Hanania: –Me gustaría mucho ver a vuestro Dios. –Es imposible –respondió el rabino. –¿Imposible? –replicó–. Entonces, ¿cómo voy a poder confiar mi vida a alguien a quien no puedo ver? –Muéstreme el bolsillo donde tiene guardado el amor por su mujer y déjeme pesarlo, para ver si es grande. –No sea tonto: nadie puede guardar el amor en un bolsillo. –El Sol es apenas una de las obras que el Señor colocó en el universo y, sin embargo, usted no puede verlo directamente. Tampoco puede ver el amor, pero sabe que es capaz de enamorarse de una mujer y confiarle su vida. ¿No le parece evidente que existen ciertas cosas en las que confiamos sin ver"

miércoles, febrero 20, 2008

La oveja negra


Érase un país donde todos eran ladrones. Por la noche cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna sorda para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar al alba cargado encontraba su casa desvalijada. Y todos vivían en concordia y sin daño porque uno robaba a otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero.

En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos. Y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos y no había ni ricos ni pobres.

Pero he aquí que no se sabe cómo apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas. Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían. Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba; pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.

En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía.

Pero hasta ahí no había nada que decir porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden.

Porque él se dejaba robar todo y entretanto no robaba a nadie; de modo que había alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta, la casa que él hubiera debido desvalijar.

El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres.

Entre tanto, los que se habían vuelto ricos se acostumbraron también a ir al puente por la noche a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Pero los ricos vieron que, yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta".

Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes. Naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero, como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces, pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas y así fue como instituyeron la Policía y construyeron las cárceles.

De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres y, sin embargo, todos seguían siendo ladrones.

Honrado sólo había habido aquel fulano y no tardó en morirse de hambre.

© Italo Calvino

jueves, enero 17, 2008

Párabola del elefante

Estaban los tres ciegos ante el elefante.

Uno de ellos le palpó el rabo y dijo:

- Es una cuerda.

Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó:

- Es una columna.

Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó:

- Es una pared.

Así estamos: ciegos de nosotros, ciegos del mundo.

Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos.

miércoles, octubre 31, 2007

Como el lápiz

El niñito miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:

Abuelo, ¿estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es por casualidad, una historia sobre mi?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:

Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.

El nieto miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó: ¿Qué tiene de particular ese lápiz?

El abuelo le respondió: Todo depende en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.

Primera cualidad: Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.

Segunda cualidad: De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribieno y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.

Tercera cualidad: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que stá mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importnate para mantenernos en el camino de la justicia.

Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.

Quinta cualidad: Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción.

Paulo Coelho

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