martes, abril 06, 2010

Estar de vuelta sin haber ido


Hay montones de jóvenes que pasan de religión. Hoy en día, al menos en España, parece que para muchos es incompatible ser creyente y sobre todo practicante con ser normal.
“¿Que aún vas a misa? ufff, qué colgado”. “¿Que estás en algún tipo de grupo para formarte en cosas de fe? ufff, esto es grave, estás en la secta, te han lavado el cerebro”. “¿Que crees en Dios? qué antiguo (o qué bobo)” “¿Que cómo puedes pertenecer a esa Iglesia?” (normalmente en el esa Iglesia va una simplificación y una caricatura que poco tiene que ver con la complejidad, riqueza y hondura de la iglesia real y sus gentes).
Es curioso, porque en estas latitudes, y en muchos asuntos, hay una tolerancia políticamente correcta –y digo yo que está francamente bien respetar la diversidad de actitudes, orientaciones, sensibilidades, opiniones, etc.- pero luego parece igualmente correcto ser tremendamente intolerante con las creencias del personal. A mí me deja a veces alucinado cómo la gente se mete con otros –incluso amigos, cercanos, etc- por sus creencias. Me duele que a menudo se parte de estereotipos gastados –que, en general, lo que muestran es bastante desconocimiento de lo que de verdad está en juego cuando hablamos de fe. A menudo te encuentras jóvenes que parecen prematuramente desengañados de todo, escépticos sin motivo, rendidos sin guerra.
El caso es que esto a veces me cuestiona, otras me entristece y otras me provoca.
Me cuestiona, porque hay que reconocer, con un poco de autocrítica, los muchos errores que ha habido -y hay- a la hora de transmitir la fe.
Me entristece, porque me doy cuenta de que bastantes veces las personas que pasan de religión tienen una visión poco reflexionada, y está fundada en prejuicios, simplificaciones y estereotipos, antes que en preguntas, búsquedas y opciones serias.
Me provoca, porque es un reto ayudar a las personas a abrirse, ¿Cómo ayudar a la gente a darse cuenta de que la religión en realidad tiene que ver con lo más hondo, lo más auténtico, lo más profundo que se pone en juego en nuestras vidas: el amor, la alegría, la soledad, el propio lugar en el mundo, el sufrimiento, la muerte, el encuentro entre las personas, la libertad, el riesgo, el tiempo y Dios…?
¿Cómo ayudar a la gente a adentrarse por el camino de la duda, la búsqueda y la fe, cuando a menudo la actitud es la de quien está de vuelta sin haber ido?
José María R. Olaizola, sj en Pastoralsj.org

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Tal vez es porqué el prejuicio viene de considerar que todos estos valores y actitudes ante la vida requieren ineludiblemente de la religión para desarrollarse.

Y la religión y todo lo que arrastra consigo, fe incluida, son a menudo más un lastre.

El reto en enseñar todo eso prescindiendo de la religión.

Pablo dijo...

Ante todo, agradecerte tu reflexión.

Quizá algunos de "estos valores y actitudes ante la vida NO requieren ineludiblemente de la religión para desarrolarse", pero otros sí que requieren una actitud de apertura y diálogo con la religión.

El problema fundamental está en esos "prejuicios, simplificaciones y estereotipos" que se tienen sobre la religión en general, y sobre el cristianismo en partucular, y lo que aún es más importante sobre la idea que se tiene de Dios(Dios no es una idea, sino una presencia personal con la que puedo rlacionarme)

Anónimo dijo...

El problema llega cuando no hay respuestas, entonces es cuando la fe elabora el dogma en lugar de aceptar simplemente que no tenemos (aún) todas las respuestas.

Hay que superar la idea de que la religión es imprescindible para la supervivencia/interpretación de los valores humanos.

Y hablando de prejuicios hay a mi entender, de dos tipos, por un lado los valores y las creencias y el convencimiento de que dios esta incluso en los que no creen (todo el mundo cree en algo dicen los creyentes), y por otro lado los prejuicios ganados a pulso por el cristianismo a lo largo de los últimos siglos (la iglesia católica tienen demasiados muertos en el armario)

Pablo dijo...

Los dogmas no están para dar respuesta a la fe. La fe es,ante todo un don, al que hay que responder personalmente, por eso la fe no está exenta de momentos de duda, de vacilación...; aunque estos pueden ayudar.

Tu segunda afirmación es muy tajante, ¿por qué hay que superar esa idea?

Por último, claro que se han cometido muchos desmanes en nombre de Dios y de la Iglesia, pero también se han hecho muchas obras y progresos buenos gracias al cristianismo y si los ponemos en una balanza; estoy absolutanmente convencido hacia el lugar que se inclina.

Pablo dijo...

Los dogmas no están para dar respuesta a la fe. La fe es,ante todo un don, al que hay que responder personalmente, por eso la fe no está exenta de momentos de duda, de vacilación...; aunque estos pueden ayudar.

Tu segunda afirmación es muy tajante, ¿por qué hay que superar esa idea?

Por último, claro que se han cometido muchos desmanes en nombre de Dios y de la Iglesia, pero también se han hecho muchas obras y progresos buenos gracias al cristianismo y si los ponemos en una balanza; estoy absolutanmente convencido hacia el lugar que se inclina.

César dijo...

Me ha encantado el artículo. Creo que lo utilizaré para abrir un diálogo con alumnos de 4º o Bachillerato. Gracias por la reseña.

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